martes, 4 de julio de 2017

UN CURSO DE MILAGROS. Texto página 453



                                          IV.  Los obstáculos a la paz.

1.  A medida que la paz comience a extenderse desde lo más profundo de tu ser para abarcar a toda la Filiación y ofrecerle descanso, se topará con muchos obstáculos.  Algunos de ellos los tratarás de imponer tú.  Otros, parecerán provenir de otras partes: de tus hermanos, o de diversos aspectos del mundo externo.  La paz, no obstante, los envolverá dulcemente a todos, extendiéndose más allá de ellos sin obstrucción alguna.  La extensión del propósito del Espíritu Santo desde tu relación a otras personas para incluirlas amorosamente dentro de ella, es la manera en que Él armonizará medios y fin.  La paz que Él ha depositado, muy hondo dentro de ti y tu hermano, se extenderá quedamente a cada aspecto de vuestras vidas, rodeándoos a ambos de radiante felicidad y con la sosegada certeza de que gozáis de absoluta protección.  Y vosotros llevaréis su mensaje de amor, seguridad y libertad a todo aquel que se acerque a vuestro templo, donde la curación le espera. No tendréis que esperar para darle esto, pues le llamaréis y él os responderá, reconociendo en vuestra llamada la Llamada a Dios.  Y vosotros albergaréis y le daréis descanso tal como se os dio a vosotros.  

2.  Todo esto es lo que harás.  Para ello, no obstante, la paz que ya mora en lo más profundo de tu ser debe primero expandirse y transponer los obstáculos que situaste ante ella.  Esto es lo que harás, pues nada que se emprenda con el Espíritu Santo queda inconcluso.  No puedes estar seguro de nada de lo que ves fuera de ti, pero de esto sí puedes estar seguro:  el Espíritu Santo te pide que le ofrezcas un lugar de reposo donde tú puedas descansar en Él.  Él te contestó, y entró a formar parte de vuestra relación.  ¿No quieres corresponder a Su gracia, y entablar una relación con Él?  Pues fue Él quien le confirió a tu relación el regalo de la santidad, sin la cual te habría resultado eternamente imposible apreciar a tu hermano.

3.  Él sólo te pide que aceptes por Él la gratitud que le debes.  Y cuando contemplas a tu hermano con infinita benevolencia, lo estás contemplando a Él.  Pues estás mirando allí donde Él está, y no donde no está.  No puedes ver al Espíritu Santo, pero puedes ver a tus hermanos correctamente.  Y la luz en ellos te mostrará todo lo que necesites ver.  Cuando la paz que mora en ti se haya extendido hasta abarcar a todo el mundo, la función del Espíritu Santo aquí se habrá consumado.  ¿Qué necesidad habrá de ver entonces?  Cuando Dios Mismo haya dado el paso final, el Espíritu Santo reunirá todas las gracias que le hayas dado y toda la gratitud que le hayas ofrecido, y las depositará dulcemente ante Su Creador en el nombre de Su santísimo Hijo.  Y el Padre las aceptará en Su Nombre.  ¿Qué necesidad hay de ver, en presencia de Su gratitud?

A.  El primer obstáculo:  El deseo de deshacerte de la paz.

1.  El primer obstáculo que la paz debe salvar es tu deseo de deshacerte de ella.  Pues no puede extenderse a menos que la conserves.  Tú eres el centro desde donde ella irradia hacia afuera, para invitar a otros a entrar.  Tú eres su hogar:  su tranquila morada desde donde se extiende serenamente hacia el exterior, aunque sin abandonarte jamás.  Si la dejases sin hogar, ¿cómo podría entonces morar dentro del Hijo de Dios?  Si la paz se ha de diseminar por toda la creación, tiene que empezar contigo, y desde ti extenderse a cada hermano que llame, y llevarle descanso por haberse unido a ti.

2.  ¿Por qué querría dejar a la paz sin hogar?  ¿Qué es lo que crees que tendría que desalojar para poder morar contigo?  ¿Cuál parece ser el costo que tanto te resistes a pagar?  La pequeña barrera de arena todavía se interpone entre tu hermano y tú.  ¿La reforzarías ahora?  No se te pide que la abandones sólo para ti.  Cristo te lo pide para Sí Mismo.  Él quiere llevar paz a todo el mundo, mas ¿cómo lo podría hacer, sino a través de ti?  ¿Dejarías que un pequeño banco de arena, un muro de polvo, una aparente y diminuta barrera se interpusiese entre tus hermanos y la salvación? Sin embargo, este diminuto residuo de ataque que todavía tienes en tanta estima para poder usarlo contra tu hermano, es el primer obstáculo con el que la paz que mora en ti se topa en su expansión. Este pequeño muro de odio todavía quiere oponerse a la Voluntad de Dios, y mantenerla limitada.  

3.  El propósito del Espíritu Santo se encuentra en paz dentro de ti. Mas aún no estás dispuesto a dejar que se una a ti completamente. Todavía te opones un poco a la Voluntad de Dios.  Y esa pequeña oposición es un límite que quieres imponerle a toda ella.  La Voluntad de Dios es una sola, no muchas.  No tiene opuestos, pues aparte de ella no hay ninguna otra.  Lo que todavía quieres conservar detrás de tu pequeña barrera y mantener separado de tu hermano parece ser más poderoso que el universo, pues da la impresión de restringir a éste y a su Creador.  Y lo que este pequeño muro pretende es nublar el propósito del Cielo y mantenerlo oculto de él.

4.  ¿Rechazarías la salvación que te ofrece el dador de la salvación?Pues en eso es en lo que te has convertido.  De la misma manera en que la paz no podría alejarse de Dios, tampoco podría alejarse de ti. No tengas miedo de este pequeño obstáculo, pues no puede frenar la Voluntad de Dios.  La paz fluirá a través de él, y se unirá a ti sin impedimentos.  No se te puede negar la salvación.  Es tu meta. Aparte  de eso no hay nada más que elegir.  No tienes ninguna meta que le pediste al Espíritu Santo que compartiese contigo.  El pequeño muro se derrumbará silenciosamente bajo las alas de la paz.  Pues la paz enviará a sus mensajeros desde ti a todo el mundo, y las barreras se derrumbarán ante su llegada con la misma facilidad con la que superará aquellas que tú interpongas. 

5.  Vencer al mundo no es más difícil que superar tu pequeño muro. Pues en el milagro de tu relación santa--una vez libre de esa barrera--se encuentran todos los milagros.  No hay grados de dificultad en los milagros, pues todos ellos son lo mismo.  Cada uno supone una dulce victoria de la atracción del amor sobre la atracción de la culpabilidad.  ¿Cómo no iba a poder lograrse esto dondequiera que se emprendiese?  La culpabilidad no puede levantar barreras reales contra ello.  Y todo lo que parece interponerse entre tu hermano y tú tiene que desaparecer por razón de la llamada que contestaste.  Desde ti que respondiste,  Aquel que te contestó quisiera llamar a otros.  Su hogar reside en tu relación santa.  No trates de interponerte entre Él y Su santo propósito, pues es también el tuyo.  Permítele, en cambio, que extienda dulcemente el milagro de vuestra relación a todos los que están incluidos en dicho milagro tal como fue concedido.   

6.  Reina un silencio en el Cielo, una feliz expectativa, un pequeño respiro lleno de júbilo en reconocimiento del final de la jornada. Pues el Cielo te conoce bien, tal como tú lo conoces a él.  Ninguna ilusión se interpone entre tu hermano y tú ahora.  No pongas tu atención en el pequeño muro de sombras.  El sol se ha elevado por encima de él.  ¿Cómo iba a poder una sombra impedir que vieses el sol?  De igual modo, las sombras tampoco pueden ocultar de ti la luz en la que a las ilusiones les llega su fin.  Todo milagro no es más que el final de una ilusión.  Tal fue la jornada;  tal su final.   Y en la meta de verdad que aceptaste, a todas las ilusiones les llegará su fin.

7.  El insignificante y demente deseo de deshacerte de Aquel que invitaste y expulsarlo, no puede sino generar conflicto.  A medida que contemplas el mundo, ese insignificante deseo, desarraigado y flotando a la deriva, puede posarse brevemente sobre cualquier cosa, pues ahora no tiene ningún propósito.  Antes de que el Espíritu Santo entrase a morar contigo parecía tener un magno propósito:  la dedicación fija e inalterable al pecado y a sus resultados.  Ahora deambula sin rumbo, vagando a la deriva, causando tan sólo mínimas interrupciones en la llamada del amor.

8.  Este minúsculo deseo, esta diminuta ilusión, este residuo microscópico de la creencia en el pecado, es todo lo que queda de lo que en un tiempo pareció ser el mundo.  Ya no es una inexorable barrera a la paz.  Su vano deambular hace que sus resultados parezcan ser más erráticos e impredecibles que antes.  Sin embargo, ¿qué podría ser más inestable que un sistema ilusorio rígidamente organizado?  Su aparente estabilidad no es otra cosa que la debilidad que lo envuelve, la cual lo abarca todo.  La variabilidad que el pequeño residuo produce indica simplemente cuán limitado son sus resultados.

9.  ¿Cuán poderosa puede ser una diminuta pluma ante las inmensas alas de la verdad?  ¿Podría acaso oponerse al vuelo de un águila o impedir el avance del verano?  ¿Podría interferir en los efectos que el sol veraniego produciría sobre un jardín cubierto de nieve?  Ve con cuánta facilidad se puede levantar y transportar este pequeño vestigio para no volver jamás.  Despídete de él con alegría, no con pesar pues de por sí no es nada ni significaba nada cuando la fe que tenías en su protección era mayor.  ¿No preferirías darle la bienvenida al cálido sol veraniego en lugar de poner tu atención en un copo de nieve que está derritiéndose, y tiritar pensando en el frío invernal?

i.  La atracción de la culpabilidad

10.  La atracción de la culpabilidad hace que se le tenga miedo al amor, pues el amor nunca se fijaría en la culpabilidad en absoluto.   La naturaleza del amor es contemplar solamente la verdad--donde se ve a sí mismo--y fundirse con ella en santa unión y en compleción.  De la misma forma en que el amor no puede sino mirar más allá del miedo, así el miedo no puede ver el amor.  Pues en el amor reside el fin de la culpabilidad tan inequívocamente como el miedo depende de ella.  El amor sólo se siente atraído por el amor.  Al pasar por alto completamente a la culpabilidad, el amor no ve el miedo.  Al estar totalmente desprovisto de ataque es imposible que pueda temer.  El miedo se siente atraído por lo que el amor no ve, y ambos creen que lo que el otro ve, no existe.  El miedo contempla la culpabilidad con la misma devoción con la que el amor se contempla a sí mismo.  Y cada uno de ellos envía sus mensajeros, que retornan con mensajes escritos en el mismo lenguaje que se utilizó al enviarlos.

11.  El amor envía a sus mensajeros tiernamente, y éstos retornan con mensajes de amor y de ternura.  A los mensajeros del miedo se les ordena con aspereza que vayan en busca de culpabilidad, que hagan acopio de cualquier retazo de maldad y de pecado que puedan encontrar sin que se les escape ninguno so pena de muerte, y que los depositen ante su señor y amo respetuosamente.  La percepción  no puede obedecer a dos amos que piden distintos mensajes en lenguajes diferentes.  El amor pasa por alto aquello en lo que el miedo se cebaría.  Lo que el miedo exige, el amor ni siquiera lo puede ver.  La intensa atracción que la culpabilidad siente por el miedo está completamente ausente de la tierna percepción del amor.  Lo que el amor contempla no significa nada para el miedo y es completamente invisible.

12.  Las relaciones que se entablan en este mundo son el resultado de cómo se ve el mundo.  Y esto depende de la emoción a la que se pidió que enviara sus mensajeros para que lo contemplasen y regresasen trayendo noticias de lo que vieron.  A los mensajeros del miedo se les adiestra mediante el terror, y también cuando su amo los llama para que le sirvan.  Pues el miedo no tiene compasión ni siquiera con sus amigos.  Sus mensajeros saquean culpablemente todo cuanto pueden en su desesperada búsqueda de culpabilidad, pues su amo los deja hambrientos y a la intemperie, instigando en ellos la crueldad y permitiéndoles que se sacien únicamente de lo que le llevan.  Ni el más leve atisbo de culpabilidad se escapa de sus ojos hambrientos.  Y en su despiadada búsqueda de pecados se abalanzan sobre cualquier cosa viviente que vean, y dando chillidos se la llevan a su amo para que él la devore.

13.  No envíes al mundo a esos crueles mensajeros para que lo devoren y se ceben en la realidad.  Pues te traerían noticia de carne, pellejo y huesos.  Se les ha enseñado a buscar lo corruptible,  y a retornar con los buches repletos de cosas podridas y descompuestas.  Para ellos tales cosas son bellas ya que parecen mitigar las crueles punzadas del hambre.  Pues el dolor del miedo los pone frenéticos, y para evitar el castigo de aquel que los envía, le ofrecen lo que tienen en gran estima.

14.  El Espíritu Santo te ha dado los mensajeros del amor para que los envíes en lugar de aquellos que adiestraste mediante el terror.   Están tan ansiosos de devolverte lo que tienen en gran estima como los otros.  Si los envías, sólo verán lo bello y lo puro, lo tierno y lo bondadoso.  Tendrán el mismo cuidado de que no se les escape ningún acto de caridad, ninguna ínfima expresión de perdón ni ningún hálito de amor.  Y retornarán con todas las cosas bellas que encuentren para compartirlas amorosamente contigo.  No tengas miedo de ellos.  Te ofrecen la salvación.  Sus mensajes son mensajes de seguridad, pues ven el mundo como un lugar bondadoso.

15.  Si envías únicamente los mensajeros que el Espíritu Santo te da, sin desear otros mensajes que los suyos, nunca más verás el miedo.  El mundo quedará transformado ante tu vista, limpio de toda culpabilidad y teñido de una suave pincelada de belleza.  No hay miedo en el mundo que tú mismo no hayas sembrado en él.  Ni ninguno que puedas seguir viendo después de pedirles a los mensajeros del amor que lo desvanezcan.  El Espíritu Santo te ha dado Sus mensajeros para que se los envíes a tu hermano y para que retornen a ti con lo que el amor ve.  Se te han dado para reemplazar a los hambrientos perros del miedo que enviabas en su lugar.  Y marchan adelante para dar a conocer que el fin del miedo ha llegado. 

16.  El amor también quiere desplegar ante ti un festín sobre una mesa cubierta con un mantel inmaculado, en un plácido jardín donde sólo se oye un cántico angelical y un suave y feliz murmullo. Es éste un banquete en honor de tu relación santa, en el que todo el mundo es un invitado de honor.  Y en un instante santo todos bendecís la mesa de comunión juntos, al uniros fraternalmente ante ésta.  Yo me uniré a vosotros ahí, tal como lo prometí hace mucho tiempo y como todavía lo sigo prometiendo.  Pues en vuestra nueva relación se me da la bienvenida.  Y donde se me da la bienvenida allí estoy. 

17.  Se me da la bienvenida en un estado de gracia, lo cual quiere decir que finalmente me has perdonado.  Pues me convertí en el símbolo de tu pecado, y por esa razón tuve que morir en tu lugar.   Para el ego el pecado significa muerte, y así la expiación se alcanza mediante el asesinato.  Se considera que la salvación es un medio a través del cual el Hijo de Dios fue asesinado en tu lugar.  Mas ¿iba acaso a ofrecerte a ti, a quien quiero, mi cuerpo, sabiendo lo insignificante que es?  ¿O, por el contrario, te enseñaría que los cuerpos no nos pueden separar?  Mi cuerpo no fue más valioso que el tuyo;  ni fue tampoco un mejor instrumento para comunicar lo que es la salvación, si bien no Su fuente.  Nadie puede morir por otro, y la muerte no expía los pecados.  Pero puedes vivir para mostrar que la muerte no es real.  El cuerpo ciertamente parecerá ser el símbolo del pecado mientras creas que puede proporcionarte lo que deseas.  Y mientras creas que puede darte placer, creerás también que puede causarte dolor.  Pensar que podrías estar contento y satisfecho con tan poco es herirte a ti mismo;  y limitar la felicidad de la que podrías gozar es recurrir al dolor para que llene tus escasas reservas y haga tu vida más plena.  Esto es compleción tal como el ego lo entiende.  Pues la culpabilidad se infiltra subrepticiamente allí donde es otra forma de compleción, que se extiende más allá de la culpabilidad porque se extiende más allá del cuerpo.

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